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UNICEN- El compromiso universitario en la construcción de otra economía

En el marco de la 2da. Semana Nacional de la Economía Social y Solidaria impulsada por la Red Universitaria de la Economía Social y Solidaria (RUESS), Marcos Pearson, responsable del Programa ESS de la Secretaría de Extensión de la UNICEN, reflexiona sobre la estrecha relación existente entre la misión de las instituciones universitarias y los objetivos del movimiento de la economía social y solidaria.

La economía es social. No puede no serlo, puesto que la economía no es otra cosa que la forma que tienen las personas de organizar su vida en sociedad. Es la forma que tienen los pueblos de llevar adelante su capacidad de producción, consumo, intercambio, distribución, ahorro. La economía es para las personas.

Del mismo modo, las universidades públicas se deben a su sociedad, a su pueblo. Apostamos a ellas, y a la educación pública en general, como herramientas para la transformación social. ¿Su misión? Construir conocimiento, a través de las múltiples formas en que éste se construye – en las aulas, en los barrios, con las organizaciones de la comunidad, en el campo y en las fábricas, junto a los/as trabajadores/as, etc -, que sea útil y necesario para abordar los problemas, sueños y desafíos que se manifiesten como importantes y prioritarios para su pueblo.

De este modo, la relación entre Universidad Pública y Economía Social y Solidaria se advierte como algo bastante claro y elocuente, y es que poseen una orientación y un destino común: servir a las personas para mejorar su calidad de vida y la de su comunidad.

Así las cosas, es oportuno remarcar que lo que conocemos hoy como “la economía”, a la que algunos/as llaman la economía tradicional, que no es otra cosa que la economía de lucro, que prioriza y pone como centro la maximización de las ganancias, jamás podrá estar al servicio de las personas ni de su sociedad, puesto que su medida y patrón principal es el dinero, la reproducción de éste como factor esencial. Una economía, una forma de organizarnos, que es insustentable desde todo punto de vista, donde el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante, según datos de Oxfam.org. También Oxfam ha calculado que, en 2018, las 26 personas más ricas del mundo poseían la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad.

Algunos/as también sostienen que “la economía es así”, que “los mercados son así”. Incluso son frases que se pueden escuchar, tristemente, dentro de las propias universidades. Pero como nos enseñó el maestro Paulo Freire, “el mundo no es, está siendo”, lo construimos y moldeamos todos los días nosotros y nosotras, las personas.

Necesitamos construir y poner en valor otra forma de hacer economía y parece que no puede haber mucho debate al respecto. Los números hablan por si solos y a este ritmo nuestro planeta tiene fecha de vencimiento.

Las universidades públicas vienen tomando nota de esto y la economía social y solidaria va teniendo una presencia cada día más gravitante dentro de estas. La expresión de la Red Universitaria de Economía Social y Solidaria (RUESS), que actualmente nuclea a equipos universitarios de más de 40 casas de estudios, es parte de este crecimiento. Profundizar esta relación, esta simbiosis, es parte constitutiva de los desafíos actuales.

Como escuché decir una vez a un militante estudiantil, las universidades no son “una fábrica de proyectos individuales”, sino un instrumento para el desarrollo social. Así las cosas, sus tres funciones sustantivas, docencia, investigación y extensión, deben necesariamente estar puestas al servicio de la sociedad y, por lo tanto, de una economía que reproduzca la vida, antes que el afán de lucro como única variable. ¿Qué profesionales formamos? ¿Para qué modelo de sociedad? ¿Qué investigamos y para qué? ¿Qué relaciones forjamos con nuestras comunidades?

Como expresa la Campaña Ponele un 10 a la Economía Social y Solidaria1, impulsada por la RUESS, “la construcción de otra economía requiere volver a preguntarse por el sentido de la educación y la realización de otra educación implica cuestionarse para qué economía.”

Otra economía es posible y las universidades públicas están llamadas, por su misión esencial, a orientar todos sus esfuerzos para su desarrollo y consolidación.

 

Nota publicada en www.ansol.com.ar  

 

 

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